martes, 24 de abril de 2012

Esa odisea que es elegir tu vestido de novia.




 Cuenta la leyenda que te trataran como una princesa, te imaginas en un gran salón con tus amigas probándote vestidos mientras bebemos una copa de champagne. Si leyenda… bastante lejos de la realidad.

Ciertas grandes firmas te sientan delante de un ordenador para seleccionar los vestidos que quieres probarte. No me pusieron pegas salvo uno. Directamente me dijo  “este cuesta 6.000€” y  no me lo dejó ni probar. Que oye… aunque sea por ver  que tal me sienta un vestido así.  Pues nada, maratón de probar vestidos seleccionados cada cual más decepcionante en calidad. Vestidos pesados, incomodos y que pican. “Es que los vestidos de novia son así, total es solo para un día” y un largo etc de excusas que no me valieron.

Puedo decir que no ha sido en todas las tiendas, pero la mayoría te meten en un mini probador, te hacen levantar los brazos y te enfundan vestidos como si fueran sacos. Que poco glamour!!  A pesar de eso yo tuve suerte. Ya que el vestido que realmente me gustó fue en la primera tienda y el trato fue fantástico. Tanto que el resto de las tiendas ya no me gustaron nada. Mi vestido es ligero, la tela es más que suave al tacto y se adapta perfectamente al cuerpo. Te dejan modificar el vestido y te dan facilidades para realizar las pruebas. Ya que el vestido lo compré en Barcelona y yo al ser de Ibiza dependo  hacer viajes (intentar los menos posibles) y de horarios de aviones.

 Algo tan especial como es tu vestido de novia  se merece un trato especial y sobretodo mucho tacto y delicadeza. Sobretodo tacto  J
Eso sí, es cierto que cuando llevas “tu” vestido sabes que es ESE. Dicen que  se notó en mi cara, el brillo en los ojos y la sonrisa de oreja a oreja. Gritaron todas un DIEZ!!.  y ese será.



No desvelaré todavía que vestido és. Pero os prometo que pasada la boda será el primer post que subiré. Palabra.

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